lunes, 27 de junio de 2022

Las esferas del reverendo

Moon visitó Montevideo           

Sung Myung Moon, el "reverendo" Moon, mesías y vencedor del comunismo, visitó Montevideo y explicó cómo salvará al mundo.

(2005. Otra nota de El País desaparecida para siempre.)

En la señorial casa de la avenida Agraciada, la antigua Quinta de Berro, hacía días que los trabajos eran frenéticos. La fachada fue remozada, y los jardines prolijamente repasados. Incluso la gran fuente ante el portón de acceso estaba funcionando. Es que el dueño de casa, el "reverendo" Moon, venía de visita. 
 

El mesías en escena

El sábado 10 de diciembre el ball room del Radisson Victoria Plaza (propiedad de Moon) se engalanó para recibir al reverendo en persona. El jueves 8 una nota a página entera en Últimas Noticias (propiedad de Moon) había dado detalles sobre la personalidad del visitante: "el Reverendo Moon lidera un movimiento que está activo en 190 naciones, con federaciones, fundaciones y proyectos que abarcan los ámbitos de la religión, lo académico, las artes, los medios de comunicación, el deporte, la agricultura, la tecnología, entre otros".

lunes, 20 de junio de 2022

El sitio de la mirada. Secretos de la imagen y silencios del arte

Eduardo Grüner
Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 2001. 387 páginas.
 
(2001. Primero salió en El País Cultural, luego fue replicado en el portal La insignia, lo cual es el motivo por el que sigue accesible luego de la catástrofe de hace unos años que arrasó con el archivo digital de El País y mandó a la nada a todas mis notas -tanto del Cultural como del Qué Pasa- junto a toneladas de trabajos de incontables colegas. Un recuerdo de aquella época que no supimos apreciar, cuando había espacio para hablar mal de libros que nos fastidiaban.)
 
 
Dice la leyenda que Uruguay es un país enamorado de la charla de boliche. Esas horas interminables ante una taza de café (en general vacía), debatiendo temas que sólo interesan a los comensales, y a veces ni siquiera a ellos. Si eso es verdad, entonces todo el que lea este suplemento debe conocer a un tipo concreto de debatiente de bar, particularmente detestable. Se trata de ese sujeto verborrágico y (cree él) muy bien informado, que suelta una catarata de palabras interminable, enraba un concepto con otro sin importar la pertinencia, y hace gala de la irritante manía de subrayar sus palabras con frecuentes énfasis, tanto verbales (y su víctima puede, aunque parezca increíble, sentir las mayúsculas, las itálicas y hasta los subrayados en sus palabras) como físicas, con constantes aferradas al hombro o brazo de su o sus interlocutores, palmadas, golpes en la mesa y otras agresiones.
Fragmento (elegido más o menos al azar) de El sitio de la mirada:
"En el vínculo Memoria/Repetición, la relación lógica invierte la cronológica (al igual que sucede en la idea borgeana de que un escritor crea a sus precursores): es la repetición la que viene primero, y sólo a partir de ella puedo asignarle el carácter de "antecedente" a un hecho de entre los infinitos hechos que conforman el Pasado, y entonces constituir ese hecho singular en un recuerdo, como le sucede al narrador proustiano con las magdalenas".
Página 51. Huelga decir que las itálicas son responsabilidad del autor del libro, y que el esquema se repite en cada página.

lunes, 13 de junio de 2022

Ley Seca y la supervivencia

(2014. Primera entrega de una columna para la diaria sobre boliches con tribu propia o algo así, que aunque negociada y aprobada por un coeditor fue rechazada por otra coeditora. Cosas que pasan.)
 
Allá por mitad de los años 80, cuando existían la Unión Soviética y la Tab, Ley Seca era un flamante pub (aunque el término aún no se usaba) bailable céntrico que con su barra de madera y sus paredes recubiertas del mismo material, era una especie de resabio de las boites de los años 70, especie a punto de desaparecer ante el avance del utilitarismo de los boliches posteriores, cuya única decoración y estilo lo dan las luces y los carteles publicitarios de neón.
Pero lo más notorio de Ley Seca no era su (hoy) cálida y casi lujosa decoración, sino su público. Las dos o tres veces que fui al boliche, por motivos que no recuerdo o prefiero no recordar, la concurrencia estaba compuesto en exclusiva por dos tipos de caracteres, uno por género.

lunes, 6 de junio de 2022

El más grande cineasta salido del abismo

Edgar G. Ulmer, director

(2002, publicada en El País Cultural -se puede ver el formato con que se trabajaba, subrayados en los títulos, por ejemplo-, aprovecho que hoy mismo tengo que hablar sobre Ulmer en una función de cine para rescatarla del pozo de mis archivos.)

 

Menschen an Sonntag (Hombres en domingo, 1929) fue una película seminal. Se trató de un proyecto que hoy podría llamarse independiente, llevado a cabo por jóvenes entusiastas al margen de la por entonces poderosa industria cinematogáfica alemana (antes de los créditos iniciales, un cartel dice que se trata de “un film hecho por y para amateurs”). Con base en el Rommanisches Kaffe de Berlín, este grupo de principiantes concibió la idea de un film semidocumental sobre lo que le ocurría a distintas personas, encarnadas por actores no profesionales, un domingo cualquiera en la ciudad. Fue una especie de versión protoplásmica del neorrealismo italiano de dos décadas después,  realizada con equipos prestados y rodada en tardes de domingo. El equipo realizador incluyó a Billy Wilder como guionista, Eugen Schüfftan como fotógrafo, Fred Zinneman como su asistente y a Robert Siodmak como co-director. Su hermano Curt Siodmak co-escribio y produjo. Edgar Ulmer, por entonces  recién vuelto de Estados Unidos, fue el otro co-director, productor y aglutinador del proyecto, y su financista. Su experiencia previa incluía trabajos como asistente o como diseñador de decorados con Robert Wiene, Alexander Korda, Michael Curtiz, William Dieterle, F.W. Murnau, Erich von Stroheim y Cecil B. De Mille entre otros.