lunes, 16 de mayo de 2022

El emperador indispuesto

Una aventura de Lao Tsé 

 

 En el quinto día del segundo mes del año del búfalo, todo el reino de Quing se sobrecogió ante la noticia de que el Amado y Sabio Emperador Yu se hallaba gravemente indispuesto, al punto de no demostrar signos de conciencia.

Los síntomas de la dolencia imperial circularon por el palacio, por la Ciudad Imperial y finalmente por las callejuelas del pueblo llano. Así fue que llegaron a oídos de un humilde herborista, que reconoció la dolencia del Emperador como un mal raro y casi olvidado, que no aquejaba a nadie desde hacía incontables años. Afortunadamente tanto el padre como el abuelo de este herborista se dedicaron al mismo oficio, y en las anotaciones de este último, muerto antes de que él mismo naciera, se encontraba el nombre del remedio infalible para tal mal: una raíz por demás poco notoria y sin mayores usos prácticos, pero que secada, molida y convertida en un polvo finísimo, era un remedio casi mágico para la dolencia, ingerida en mínimas, microscópicas, cantidades.