Una mañana de 1974 el periodista Ramón Mérica convenció al ensayista y crítico Alberto Zum Felde, que ya tenía sus buenos 85 años, de acompañarlo en una larguísima caminata por el centro de Montevideo y la Ciudad Vieja. Por esos días Zum Felde era el último sobreviviente de la Generación del 900. Además de por los méritos de su obra, a Zum Felde se lo recordaba por haber irrumpido en el sepelio del poeta Julio Herrera y Reissig, en 1910, para improvisar a los gritos una proclama denunciando la hipocresía de la sociedad. Un escándalo.