lunes, 23 de mayo de 2022

Ángela y demonia

Por qué sería bueno que más gente leyera a Mercedes Vigil, pero menos la escuchara.

 

(2010, según la fecha del archivo. No recuerdo para dónde la escribí, y creo que nunca salió publicada. Es curioso cómo se mantiene vigente la recomendación de que lo mejor sería no escucharla.)

 

Hace poco, y de forma más bien tangencial, me encontré envuelto en el pequeño escándalo formado alrededor de la designación de la señora Mercedes Vigil como Ciudadana Ilustre de la muy sufrida Montevideo, ciudad en la que, no está de más aclararlo, habito.

 El pequeño escándalo tuvo dos mechas, una nota de Gustavo Escanlar en el semanario Búsqueda y una carta firmada por una cuarentena de escritores e intelectuales impugnando la designación, ambas basadas en desvirtuar los logros literarios de la señora Vigil.

Gracias a un par de intervenciones en Facebook (el equivalente al Ágora griega de nuestros días) terminé siendo consultado por la producción de Buen Día Uruguay sobre el asunto. Me preguntaron si me interesaba salir al aire por teléfono mientras entrevistaban en carne y hueso a la señora Vigil, a lo que dije que no, que no tenía el más mínimo interés. Quedamos, en cambio, en que me entrevistarían luego de la señora Vigil, para dar voz a la disidencia o algo así. Muy bien, nunca es mal día para un poco de disidencia.