(2014. Primera entrega de una columna para la diaria sobre boliches con tribu propia o algo así, que aunque negociada y aprobada por un coeditor fue rechazada por otra coeditora. Cosas que pasan.)
Allá por mitad de los años 80, cuando existían la Unión Soviética y la Tab, Ley Seca era un flamante
pub (aunque el término aún no se usaba) bailable céntrico que con su barra de
madera y sus paredes recubiertas del mismo material, era una especie de resabio
de las boites de los años 70, especie
a punto de desaparecer ante el avance
del utilitarismo de los boliches posteriores, cuya única decoración y estilo lo
dan las luces y los carteles publicitarios de neón.
Pero lo más notorio de Ley Seca no era su (hoy) cálida y
casi lujosa decoración, sino su público. Las dos o tres veces que fui al
boliche, por motivos que no recuerdo o prefiero no recordar, la concurrencia
estaba compuesto en exclusiva por dos tipos de caracteres, uno por género.