lunes, 20 de junio de 2022

El sitio de la mirada. Secretos de la imagen y silencios del arte

Eduardo Grüner
Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 2001. 387 páginas.
 
(2001. Primero salió en El País Cultural, luego fue replicado en el portal La insignia, lo cual es el motivo por el que sigue accesible luego de la catástrofe de hace unos años que arrasó con el archivo digital de El País y mandó a la nada a todas mis notas -tanto del Cultural como del Qué Pasa- junto a toneladas de trabajos de incontables colegas. Un recuerdo de aquella época que no supimos apreciar, cuando había espacio para hablar mal de libros que nos fastidiaban.)
 
 
Dice la leyenda que Uruguay es un país enamorado de la charla de boliche. Esas horas interminables ante una taza de café (en general vacía), debatiendo temas que sólo interesan a los comensales, y a veces ni siquiera a ellos. Si eso es verdad, entonces todo el que lea este suplemento debe conocer a un tipo concreto de debatiente de bar, particularmente detestable. Se trata de ese sujeto verborrágico y (cree él) muy bien informado, que suelta una catarata de palabras interminable, enraba un concepto con otro sin importar la pertinencia, y hace gala de la irritante manía de subrayar sus palabras con frecuentes énfasis, tanto verbales (y su víctima puede, aunque parezca increíble, sentir las mayúsculas, las itálicas y hasta los subrayados en sus palabras) como físicas, con constantes aferradas al hombro o brazo de su o sus interlocutores, palmadas, golpes en la mesa y otras agresiones.
Fragmento (elegido más o menos al azar) de El sitio de la mirada:
"En el vínculo Memoria/Repetición, la relación lógica invierte la cronológica (al igual que sucede en la idea borgeana de que un escritor crea a sus precursores): es la repetición la que viene primero, y sólo a partir de ella puedo asignarle el carácter de "antecedente" a un hecho de entre los infinitos hechos que conforman el Pasado, y entonces constituir ese hecho singular en un recuerdo, como le sucede al narrador proustiano con las magdalenas".
Página 51. Huelga decir que las itálicas son responsabilidad del autor del libro, y que el esquema se repite en cada página.