domingo, 31 de julio de 2022

Algunas palabras en contra de La pasión de Cristo de Mel Gibson



 (2004. Ni la más remota idea de dónde salió, si es que salió, cosa que me permito dudar.)

 

Primer acercamiento

            La pasión de Cristo es, básicamente, una película sobre un tipo al que lo muelen a golpes hasta niveles inimaginables y cuando ya no les queda dónde pegarle, lo cuelgan de un palo. Debe haber un componente místico por debajo de tanta violencia explícita, pero las salpicaduras de sangre dificultan su comprensión.

 

Anécdota

            En el cine había una parejita de veinteañeros. En la oscuridad ambos se tomaban de la mano, se estremecían en las escenas más violentas y lloraban abiertamente y sin pudor. Al mismo tiempo, comían pop regularmente.

 

Justificación posible

            La experiencia religiosa se ha degradado considerablemente en el correr de los últimos siglos. Con sus excesos gore, La pasión de Cristo devuelve al ciudadano promedio el impacto visceral que el relato de los Evangelios tenía para un escucha de, digamos, el siglo XII. Difícilmente quede un cura en el mundo capaz de provocar con su mejor sermón la empatía, el rechazo y el asombro que las imágenes virulentas de esta película provocan. Para millones de creyentes contemporáneos, ahora que se vio en términos cinematográficos a los que están acostumbrado, sí se puede entender el sufrimiento de Cristo.

 

Duda

            ¿Los Evangelios no hubieran recogido, en caso de haber existido, hechos como hombros dislocados y costillas expuestas? ¿Su inclusión en la imaginería violenta de la película no resulta un regodeo un tanto excesivo y fuera de todo espíritu de fidelidad al original bíblico?

 

Segundo acercamiento

            La pasión del Cristo puede verse como la  película de un fanático religioso, pero también como la película de un obsesivo, o de un hipócrita que quiere lucrar con el convencimiento religioso. En todo caso, luego de su papel en la tediosa (y larga) The Patriot, o en We Were Soldiers, y luego de La pasión del Cristo, Mel Gibson, australiano de nacimiento, debe ser el héroe indiscutido de los sectores derechistas evangélicos más extremos de Estados Unidos. Además, en su carrera abundan los papeles mesiánicos, desde el lejano que interpretara en Mad Max 3, donde era una especie de salvador que llegaba para rescatar a un grupo de niños, hasta el que él mismo se adjudicara en Braveheart. Pensar en esto abre inquietantes campos de reflexión acerca de sus motivaciones para involucrarse en un proyecto tal como La pasión de Cristo. Incluso abre la posibilidad de interrogarse acerca de si él no hubiera elegido interpretar el papel principal, de no estar un tanto pasado de edad y ser un poco bajo de más para la supuesta estatura que su Cristo idealizado debía tener.

 

Tercer acercamiento

            La pasión de Cristo no trata de ninguna manera sobre el Cristo histórico. Es una película sobre el Cristo religioso, el que hizo milagros, el que era Dios encarnado, la tercera parte de la Santa Trinidad. Y, salvo en los excesos sanguinolentos, no hay una sola desviación del dogma, no hay nada que pueda interpretarse como una lectura personal o un intento de reescritura (salvo los churretes de sangre, de nuevo). La pasión de Cristo es, en caso de no ser una formidable, hipócrita y muy exitosa jugada de marketing, una película evangélica. La finalidad última de este film sería acercar algún tipo de experiencia religiosa a los creyentes del mundo.

 

Anécdota

            En un programa radial se escuchó a una afectada señora relatar cómo, a pesar de sentir una profunda repugnancia ante el exceso de violencia, se obligó a sí misma a quedarse en la sala, conmovida por estar presenciando la real Pasión tal como debió ocurrir. La señora no disfrutó, literalmente sufrió la película. Y al mismo tiempo tuvo una experiencia mística leve.

 

Cuarto acercamiento

            Se dice que La pasión de Cristo es antisemita. Bueno, sí, algunos judíos no quedan muy bien parados. Si se mira fríamente, el problema no es que la película sea antisemita, sino que bajo una óptica como esa, los Evangelios son antisemitas. Eso, claro, obviando el hecho de que Jesús, María, los Apóstoles, Magdalena y todos los de la historia, salvo los romanos, eran originalmente judíos. Las discusiones generales sobre este punto son inconducentes, y  sólo sirven para agregar dichos a los disparates que se han  oído luego del estreno (¿será cierto que el padre de Mel Gibson dijo que el Holocausto fue un invento? ¿Y, de paso, que su hija es monja de clausura?). Lo que sí es cierto es que la película muestra que la palabra alemana para “judío” es más similar al original romano (al menos como se pronuncia en la película) que la usada en castellano. Un romano dice en latín “Judío” despectivamente, y las asociaciones son siniestras e inevitables.

 

Justificación posible

            De todos los dogmas de la Tierra, pocos hay más complejos y hermosos que el del cristianismo, y su metáfora de la muerte del Mesías a cambio de la liberación de los condenados. Que siglos posteriores hayan hecho diversos y curiosos usos de este primer mensaje es otro tema. En La pasión de Cristo los personajes hablan arameo y latín, ambas lenguas muertas. Recitan con pequeñas variantes textos de un libro escrito en arameo, traducido al (y también en gran parte escrito en) griego, luego traducido al latín y finalmente de nuevo vertido a los idiomas modernos. Esos textos se trasladaron al arameo original, y se declaman en la supuesta manera que el arameo debió ser pronunciado en el Siglo I, aunque esto último se trata de suposiciones y extrapolaciones de lingüistas. Lo mismo vale para el latín. Que el mensaje básico haya sobrevivido a todas estas traslaciones, traducciones y reescrituras, dice mucho sobre la potencia original que tenía. Un texto tan profundo y capaz de tal prodigio de supervivencia trasciende cualquier medio utilizado para su difusión, y merece atención ya se lo tome como dogma religioso o como concepto filosófico. Por otro lado, también sobran los ejemplos de iglesias evangelistas que lucran descaradamente abusando del mismo inagotable caudal místico.

 

Quinto acercamiento

            Oribe Irigoyen, un veterano y lúcido crítico de cine marxista, encuentra La pasión de Cristo una película sumamente revolucionaria, al viejo estilo. En ella un héroe popular que predica la hermandad y la igualdad es detenido por una fuerza militar extranjera. El clero lo acusa con el apoyo de la burguesía local, y el héroe es ejecutado sin misericordia por sus creencias, transformándose en mártir de la revolución. Cristo vendría a ser algo así como el Che Guevara del Siglo I.

 

Hecho

            En La pasión de Cristo los romanos, al menos los romanos de superior jerarquía, quedan muy bien parados. Son víctimas de las circunstancias, dudan e incluso hacen lo posible por revertir lo inevitable. Esto es fiel reflejo de la admiración absoluta e irreductible de Gibson por la autoridad y sus figuras, detectable en casi la totalidad de los papeles que ha interpretado desde que tiene el control de su carrera.

 

Carencia

            En La pasión de Cristo, no hay piedad. Judas es castigado inmediatamente luego de la traición (obviando interesantes discusiones medievales acerca de su papel central en la salvación humana, ya que sin su necesaria traición no habría habido Pasión ni salvación. Para ser efectivo, Cristo era un mesías en busca de una traición). Los rabinos toman conciencia de su error, y de lo inevitable de su condenación. El crucificado que no se arrepiente y se burla de Jesús es picoteado de inmediato por un cuervo. Los buenos se salvarán, pero los malos van todos de cabeza y sin contemplaciones al Infierno. Cristo estará haciendo su trabajo correctamente, pero el Dios que sigue activo es el Dios violento y vengativo del Antiguo Testamento. El Dios de tantos actuales pastores evangelistas radicales y reaccionarios.

 

Sexto acercamiento

           Siempre hubo una relación densa y profunda entre la imaginería católica y ciertas formas extremas de narcisismo y homosexualidad alteradas. El regodeo en la exhibición de cuerpos masculinos desgarrados, torturados, inmovilizados (Mishima posando como San Sebastián) es la base de esta identificación. La pasión de Cristo tiene algo profunda y soterradamente homosexual, de corte muy perverso. La insistencia malsana en mostrar el bello cuerpo de Cristo desgarrado y lacerado, hasta pasar los límites de lo creíble. La comparsa degenerada del impresentable Herodes (¿ése amanerado untuoso es el despiadado tirano que ordenó la masacre de los inocentes?). El aire afeminado y voluptuoso de Satanás (buen detalle el del gusanito asomando por la nariz). La masculina frialdad impecablemente uniformada de los superiores romanos. La pasión de Cristo puede ser vista como el muestrario sacrílego de una imaginería homosexual sadomasoquista y visceral.

 

Carencia      

           Analizado desde una perspectiva cinematográfica, el guión de La pasión de Cristo es una serie de golpes bajos seguidos por un final apoteósico. Sin la parte mística, en un resumen grosero, queda en que un inocente es traicionado, juzgado y condenado, sus parientes y allegados sufren por él, es castigado (y castigado y castigado y castigado...), en apariencia es derrotado definitivamente, y al final, gracias a su fuerza interior, un poder superior y benigno lo reestablece en su condición anterior, con notorias mejorías. No es muy diferente, en líneas generales, al guión de Karate Kid 3. No puede hablarse de respeto y fidelidad al original sagrado, porque con el mismo material se han hecho obras mucho más dignas, y si había libertad de trasgresión para agregar sangre y carne desgarrada, también podía haberla, sin necesitar más justificación, para libertades narrativas en beneficio del drama. En su director estaba el dar trascendencia, intriga o grandiosidad a una pobre línea narrativa. Gibson se decide por la carne desgarrada y el patetismo de la maternidad igualmente desgarrada. Los únicos gestos nobles de la película corren por cuenta de los romanos, Cristo es una víctima que se deja arrastrar, los demás son comparsas lagrimeantes. La prueba de fuego de la película es que, vista por alguien que no conozca los rudimentos del Evangelio y el dogma cristiano, resulta inentendible, un simple festín de sangre y morbo, sin mayor mensaje.

 

Final

            Digno epitafio para La pasión de Cristo: un festín de sangre sólo comprensible por espectadores avisados. La obra de una mente perturbada, la obra de un perverso, un fetichista, un fanático religioso. Una mina de oro basada en la fe religiosa de millones. Una película técnica y narrativamente mediocre, repleta de golpes bajos y con vocación explícita de impactar al espectador a pura violencia visual. Moralmente, despojada de su discutible vocación evangélica, no es más justificable o rechazable que Nekromantik, una película alemana sobre necrofilia. Aceptando dicha vocación, es un intento grosero y cruel de influir sobre las creencias del espectador. Se supone que quien vea la película no debe captar el puro mensaje intelectual de Cristo y de su religión, sino ser llevado a un trance místico por el bárbaramente chamánico espectáculo de la violencia explícita, de la piel desgarrada y de la sangre chorreando. Al menos en Night of the Dead, o en The Texas Chainsaw Massacre, o en cualquier hito posterior del gore, la vocación era simplemente divertir. La pasión de Cristo tiene un trasfondo más turbio, más perturbador y mucho más dudoso. Tiene la intención medieval de educar por medio del miedo y el rechazo. Evangélicamente, está apenas un paso atrás de los métodos cristianizadores de Pizarro o Cortés.

 

Próxima semana: Un centenario y una despedida.

 

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